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  • Adriana Reinking

NO ES POR AMOR... ES POR MIEDO

Cuando le pides a una persona que amas que cambie su comportamiento, por ejemplo: que regrese a determinada hora, que no se junte con ciertas amistades o que no tome ciertos riesgos... ¿piensas que lo haces por su bien o por el tuyo?, ¿puedes darte cuenta que estás controlando en lugar de mostrar amor?



Si piensas que lo que pides lo haces “por amor”, te invito a que analices la situación cuidadosamente, pues seguramente lo que pides es para bienestar tuyo y no del otro.


En la mayoría de los casos, cuando controlamos lo hacemos por miedo. Miedo a que rompan nuestras expectativas, miedo a sentirnos solos, a que pase algo malo, a ser abandonados, miedo a ser juzgados, etc. Por eso, cuando pidas algo pensando que "es por el bien de otra persona", nota que inconscientemente lo pides para lograr algo que te interesa, como evitar la incertidumbre o el riesgo... lo cual demuestra una posición egoísta.


Renata le dice a su novio José: "sí, pero con la condición de que no vuelvas a ver a Diana"


Mauricio le dice a su hijo: "esta muchachita no te conviene, termina con esa relación".


María le dice a una amiga: "¿cómo puedes hacerme esto, es que ya no me quieres?"


Luis a su esposa: "trabajar fuera de casa es peligroso, mejor quédate, es por tu bien".


Alguien le dice a su pareja: "te amo, pero si haces (esto o aquello)... te dejo".


Mi conclusión es que el control es parte de las relaciones humanas, pero que nunca es una muestra de amor. En todas las oraciones anteriores el mensaje escondido es: "si no me gusta lo que haces, me voy o tendremos problemas."


He observado que las personas practicamos dos tipos de “amor”: el amor propio y el amor a los demás. También, que la base para poder amar a los demás es el amor a uno mismo, en donde el bienestar personal es la prioridad. Sin esta base podríamos acabar viviendo codependencia o volvernos esclavos de los deseos de la otra persona y corremos el riesgo de ser maltratados. Por esto, regularmente condicionamos nuestras muestras de amor. Te doy esto si me das aquello. Con tal de lograr lo que deseamos tratamos de controlar todo. Es muy humano hacerlo, pero también es humano que disfracemos de “amor” el control que ejercemos.


Si para ti, mostrar amor es tomar en cuenta los deseos y necesidades de quienes amas, controlar se vuelve lo contrario a mostrar amor. Querer controlar surge del miedo, no del sentimiento de amor.


Cuando se pone a discusión... controlar a quienes amas, tema central de mi libro titulado Amores Extra y Extraordinarios, el tema genera controversia, sobre todo cuando hay parejas, padres o hijos opinando al respecto. En las relaciones conocidas como “amorosas”, el control es tan común y cotidiano que muchos ya no lo perciben como tal. Hay quienes se vuelven maestros del control y lo usan con una sutileza increíble, de tal manera que lo hacen invisible a quienes controlan.


Mi pareja y yo hemos aprendido a amarnos sin controlarnos. Lo practicamos día a día, aceptando que amar siempre implica riesgos. Pero ambos concebimos que la práctica del amor no puede incluir control, exigencias ni demandas. Nos damos cuenta que no es posible controlar totalmente a las personas. Entendemos que aun controlando (dentro de lo posible) no reducimos los riesgos que amar implica.


El control no dejará de existir como parte de las relaciones humanas. Pero sería genial dejar de engañarnos creyendo o diciendo que el control que ejercemos es por amor.


En cuanto aceptamos que ejercemos control por miedo, dos cosas se facilitan: vencer nuestros miedos... ya que podemos confrontarlos, y permitir relaciones más amorosas.


¡Atrévete! Muestra amor, no miedo.


Adriana Reinking

Febrero 7, 2021


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