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  • Adriana Reinking

Hablando de valores

Los valores son los principios y normas de conducta que muestran lo que es importante para cada persona en su vida. ¡Los míos, los tengo muy claros!



Creo que las personas que me conocen bien podrían decir que soy… tolerante, inclusiva, compasiva, honesta, congruente, puntual, empática, abierta y valiente – valores que he luchado por adquirir y que hoy practico. Soy alguien que ama la vida. Amo apasionadamente todo lo que en ella encuentro. Amo la luz, la fotografía, el aire puro, el agua, el ejercicio, el chocolate, el cine y la naturaleza.


¡Claro! Amo a mi esposo y a mi hija. Amo a mi familia y a mis amigos. En general, puedo decir que me encanta la gente. Y de la gente, la ame o no, no me molestan nunca su color, su género, su orientación sexual, su capacidad mental, o ninguna otra característica física.


En breve, me considero una humanista secular y por todos los closets de los que me he salido, también me considero una atea abierta, característica que le preocupa a algunos cuando hablamos al respecto. Pero me gusta que quien me recuerde lo haga pensando en mí, simplemente, como “humanista”. Mis valores me empujan a respetar a las personas como individuos. Hago lo que puedo por tratar de mejorar la situación social, económica y emocional de quien me pide ayuda o lo necesita.


Como me apasiona la igualdad de poder, siempre actúo y escribo en congruencia y eso me lleva inevitablemente a luchar contra la discriminación y la intolerancia.


En esta lucha, a veces salgo afectada. Como ejemplo, puedes leer el artículo que escribí la semana pasada, donde narro cómo me discriminaron, acusándome de carecer de valores. ¿En qué se basan para juzgar mis valores?


Desde luego no me sorprende que me ataquen. Ni siquiera lo tomo de forma personal. Estoy acostumbrada a lidiar con gente miedosa, que por miedo se vuelve intolerante, cerrada, prepotente, amargada y socialmente ciega. Hay quienes me discriminan en cuanto me declaro bisexual, sin tan siquiera tener claro lo que eso significa. Y ni qué decir de cuando se enteran que dejé la religión que me heredaron. El miedo y la ignorancia los alejan de mí porque se basan en estereotipos falsos. Son creencias con las que crecieron, como buenas personas bonsái, que les empuja a juzgarme como “una persona sin valores” sin tan siquiera conocerme.


Lo que me parece interesante es que muchas de estas personas, a pesar de que profesan amor al prójimo y a un dios, tristemente, sin dudarlo aceptan y adoptan una serie de creencias que las llevan a discriminar inconscientemente: contra los negros, los judíos, las mujeres, los homosexuales, los extranjeros y hasta contra personas que tienen habilidades diferentes, entre muchas otras minorías.


Hoy... ¡alzo mi voz!. No lo tomes personal. Mi grito es contra los valores institucionalizados que disfrazan la discriminación bajo un velo que trata de hacerla invisible. Por ejemplo, la postura androcéntrica, que pone al hombre en mayor jerarquía que a la mujer y por esto, aunque parezca increíble, todavía hay instituciones en las que las mujeres no pueden tomar ninguna posición de poder, simplemente por ser mujeres. Otras organizaciones tienen posturas homofóbicas, que resultan en una discriminación formal contra otras orientaciones sexuales diferentes a la heterosexual. Nota que tanto la postura androcéntrica como la homófobica, no se limitan al nivel institucional, sino que también afectan a las personas en sus entornos familiar y social en general. Existen otras posturas como el racismo y el clasismo que también discriminan, aunque no sean a minorías (la burguesía es una minoría).


Es increíble que los estereotipos y prejuicios que llevan a la discriminación, intolerancia y violencia, sean enseñados principalmente en instituciones como la familia, la iglesia, la escuela y hasta en algunas empresas. Instituciones que, alejadas de su principal objetivo, se jactan de promover valores humanos sin darse cuenta que precisamente es ahí donde se promueven la ignorancia, el miedo, la intolerancia, la desigualdad de poder y por supuesto la violencia.


Sin embargo, me alegro de poder encontrar todos los días personas que han hecho conciencia de esta situación y que han decidido retomar valores humanos que promueven la paz, como la compasión, la empatía y la tolerancia. ¿Quieres unirte a nosotros?


Adriana Reinking



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