Renuncia a la vida Bonsái

Para atreverte a ser, es importante que entiendas, entre otras cosas, el concepto de la vida bonsái.

 

¿Has visto un arbolito bonsái? Son esos pequeñitos que se usan como adorno y que solo sirven para hacer sentir orgullosos a quienes los entrenan. Un árbol bonsái no nace y se queda pequeño. Es educado para no crecer. El llamado “arte bonsái”, es una forma de miniaturizar árboles artificialmente. A un árbol joven se le podan poco a poco las ramas, el tronco y las raíces para inhibir su crecimiento; se le coloca en macetas de entrenamiento cada vez más pequeñas, para que las raíces se adapten a un espacio progresivamente más reducido, hasta que el árbol es depositado en la macetita que será su hogar definitivo. En ocasiones incluso se enreda alambre alrededor de ramas y tronco, para que al crecer (es un decir) adquieran formas caprichosas, al gusto de su entrenador.

 

De la misma forma que el bonsái es entrenado a permanecer en un tamaño miniatura, todos somos educados para no salirnos de la maceta en que nos enseñaron a vivir. Como el entrenamiento empieza desde que somos muy pequeños, es difícil que entendamos el proceso de entrenamiento como tal. En nuestro pequeño universo llamado “familia”, a través de las experiencias que vivimos poco a poco vamos aprendiendo las creencias y los valores que nos van formando y en esencia, quedamos sepultados bajo el peso de los lineamientos y expectativas familiares y sociales, hasta que llega el momento en que somos ya personas adultas, pero hechas miniatura y atrapadas en una pequeña maceta.

 

Con frecuencia es en la adolescencia (bendita adolescencia), cuando nos atrevemos a dudar sobre las creencias y valores que nos inculcaron. Es la etapa perfecta para tratar de definirnos y adquirir identidad como individuos. Lástima que sea precisamente en la adolescencia donde encontramos más trabas para atrevernos a ser y que el miedo que tienen nuestros padres de que tomemos malas decisiones no ayude. En la adolescencia nos encontramos en medio de una lucha entre lo que pensamos y lo que sentimos; entre lo que queremos hacer y lo que se espera que hagamos.

 

¿Te has preguntado cómo pensarías, qué creencias tendrías y la religión que seguirías si hubieras nacido en otro país, en otra época o simplemente con otras oportunidades? La moral cambia en relación con el lugar y la época. Tal vez si hubieras nacido en India, en Serbia o en Turquía, pensarías de otra manera, pero, ¿acaso serías el mismo?

 

Me pregunto: ¿qué hace que uno sea uno? La respuesta es un conjunto de factores, pero fundamentalmente influyen nuestra genética y nuestra historia familiar, o sea, la línea bonsái de donde venimos. Toma en cuenta que el proceso de vida bonsái es inconsciente y entenderlo nos ayuda a perdonar a quienes nos entrenaron y a nosotros mismos por entrenar a otros.

 

Es difícil no repetir los patrones aprendidos en la niñez y muchos enseñan a sus propios hijos lo que a ellos mismos les pareció un fastidio. El entrenamiento recibido de nuestros padres y el que enseñamos como padres raramente es cuestionado y simplemente se va pasando de generación en generación, aunque se trate de algo que haga daño.

 

¡ATREVETE A CUESTIONAR LO QUE PIENSAS Y RENUNCIA A SER BONSAI!