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  • Adriana Reinking

Homofobia de Clóset

“¡Claro que acepto a los homosexuales, pero le ruego a Dios que no me mande un hijo así... tienen muchos problemas!”, decía una amiga, pensando seguramente en la intolerante sociedad en la que vivimos. Pero algo me dice que no le preocupan nada más los problemas que podría tener su hijo, sino enfrentar los propios.

Algo que también escucho con frecuencia es que la homofobia es algo del pasado, de otra generación, o algo que no se practica en la propia casa. Es cierto que hoy en día la homosexualidad es un tema tratado abiertamente en ámbitos públicos, en la política, películas, telenovelas y libros. También es cierto que las leyes han cambiado en pro de la equidad de género y de la igualdad de derechos, condenando actos homofóbicos, pero... y aquí viene el famoso “pero”... ¿entonces, por qué hay tantos homosexuales que siguen en el clóset?, ¿por qué hay quiénes se atreven a vivir abiertamente su homosexualidad fuera de casa, pero en familia no lo hacen? Tristemente conozco muchísima gente que vive con un pie dentro de algún clóset y el otro fuera de él. Intuyo que la razón sigue siendo el miedo. Pero... ¿miedo a qué? Pues a lo de siempre: al rechazo de los padres, a herirlos por no cumplir sus expectativas, a perder el trabajo, a quedar desheredado, a no contar con el apoyo para estudiar o emprender un negocio, a que los amigos dejen de serlo, a ser hostigado en la escuela, etcétera, etcétera, etcétera. Las leyes pueden haber cambiado y podemos ver más películas y telenovelas en donde se incluye el tema de la homosexualidad. Y definitivamente, en México, se ha avanzado mucho en la lucha contra la discriminación. La aprobación de la Ley de Sociedades de Convivencia para el Distrito Federal era inevitable, ya que México firmó a favor de una serie de tratados internacionales acerca de derechos humanos y ahora tiene la presión internacional de que tanto las parejas homosexuales como las heterosexuales tengan los mismos derechos. Sin embargo, la creciente integración social de los homosexuales a nivel mundial no significa que la homofobia haya desaparecido. Simplemente sigue metida en el clóset. Desafortunadamente, la homofobia, abierta o de clóset, sigue practicándose en todo el mundo. Hay casos extremos como en muchos países de África y Asia, en donde la homosexualidad es condenada y castigada con violencia y hasta con la muerte. Muy fría y triste es la cárcel del clóset social en el que se esconden muchas bellas personas, que no sienten la libertad de atreverse a ser con quienes más quieren. El hecho de que sea más fácil atreverte a ser con personas desconocidas, que con tus familiares más cercanos, me sigue pareciendo paradójico. Significa que la ley familiar cuenta más que la del país, con lineamientos muy particulares para cada familia. Obviamente muchas de estas reglas siguen siendo rígidas, opresivas y muy poco amorosas, lo que impide que se abra el corazón y se exprese lo que realmente se siente.

A mí, sí me preocupa esto que está sucediendo en tantas familias, porque precisamente es ahí, en la familia, donde se puede generar un cambio, ya que lo aprendido en el núcleo familiar es lo que tendemos a seguir practicando en la vida, pero por fortuna esto tiene remedio.

Me gustaría que el concepto aceptado de "familia" fuese: el grupo de personas unidas por un vínculo amoroso, que generan el ambiente propicio para que cada uno de sus integrantes pueda descubrirse, crecer en paz, refugiarse y atreverse a ser.


Pero, tristemente, conozco pocas familias en donde lo que predomina es el amor y demasiadas que le dan más importancia a las costumbres que causan daño, las creencias que los separan, la intolerancia, la violencia, el miedo y el control. Así las cosas, entiendo por qué la sociedad en que vivimos es tan hostil y violenta, además de que se rige por esa doble moral que le permite, por un lado, condenar aquello que secretamente experimenta y por otra parte, juzgar lo que disimuladamente practica. Pero no todo está perdido... ya que tú puedes generar un cambio. Puedes practicar en tu casa el respeto y el amor con tu pareja y tus hijos. Es importante entender que ellos son, sienten y piensan diferente a ti. Por lo tanto, evita controlarlos esperando que cumplan tus expectativas y mejor enfócate en darles bellos ejemplos de amor, practicando la aceptación, el respeto, la empatía, la autodisciplina, la gratitud y la tolerancia.

Adriana Reinking

Octubre 17, 2015



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